Tratamientos de Orientación Psicoanalítica

El destino triunfa allí donde no se le combate

El psicoanálisis

Freud, el descubridor

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El destino triunfa allí donde no se le combate

Con esta pequeña historia Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, da cuenta de cómo la enfermedad puede cerrar las capacidades de elección de las personas y como el tratamiento psicoanalítico permite abrirlas si se desea.

“Un árabe cabalga sobre su camello por una estrecha senda abierta en la escarpada pared de la montaña. En una vuelta del camino se ve de pronto frente a un león que se prepara para saltarle encima. No ve ninguna salida; a un lado tiene la pared vertical, al otro el abismo; imposible volver riendas o escapar; se da por perdido. No así el animal. Da con su jinete un salto hacia el abismo... y el león no puede hacer otra cosa que seguirlos con la vista. Los remedios de la neurosis por regla general no arrojan mejor resultado para el enfermo. Acaso se deba a que la tramitación de un conflicto mediante la formación de síntoma es un proceso automático que no puede estar a la altura de las exigencias de la vida, y en el cual el hombre ha renunciado al empleo de sus mejores y más elevadas fuerzas. De existir una opción, debería preferirse sucumbir en honrosa lucha con el destino.” — Sigmund Freud

Lacan, el formalizador

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El psicoanálisis es un diálogo singular que puede permitir a cada cual descubrir lo extraordinario que lo habita.

“El diálogo parece en sí mismo constituir una renuncia a la agresividad; la filosofía desde Sócrates ha puesto siempre en él su esperanza de hacer triunfar la vía racional. Y sin embargo desde los tiempos en que Trasímaco hizo su salida demente al principio del gran diálogo de La República, el fracaso de la dialéctica verbal no ha hecho sino demostrarse con harta frecuencia.

He subrayado que el analista curaba por el diálogo, y locuras tan grandes como ésa ¿qué virtud le añadió pues Freud?

La regla propuesta al paciente en el análisis le deja adelantarse en una intencionalidad ciega a todo otro fin que su liberación de un mal o de una ignorancia de la que no conoce ni siquiera los límites.

Su voz será la única que se hará oír durante un tiempo cuya duración queda, a discreción del analista. Particularmente le será pronto manifiesta, y además confirmada, la abstención del analista de responderle en ningún plan de consejo o de proyecto. Hay aquí una constricción que, parece ir en contra del fin deseado y que debe justificar algún profundo motivo.” —Jacques Lacan

Miller, la ventana al siglo XXI

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“Amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre sí mismo. Amamos a aquel o a aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: “¿Quién soy yo?

Amar, decía Lacan es dar lo que no se tiene. Lo que quiere decir: amar, es reconocer su falta y darla al otro, ubicarla en el otro. No es dar lo que se posee, bienes, regalos, es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo. Para eso, hay que asumir su falta, su “castración”, como decía Freud. Y esto, es esencialmente femenino. Sólo se ama verdaderamente a partir de una posición femenina. Amar feminiza. Por eso el amor es siempre un poco cómico en un hombre. Pero si se deja intimidar por el ridículo es que, en realidad, no está muy seguro de su virilidad. ”— Jaques-Alain Miller

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